
Cuando estás en medio de un ascenso al Iztaccíhuatl o recorriendo senderos en el Ajusco, lo último que quieres es sentir que te quedas sin gasolina. Esa sensación de piernas pesadas y mareo no es falta de condición física, suele ser falta de combustible.
Saber qué comer en hiking no se trata de dietas complicadas. Se trata de entender que tu cuerpo es un motor que necesita gasolina constante. Lo que metes a tu mochila determina si disfrutas la vista en la cumbre o si llegas sufriendo.
La regla es simple: la comida de montaña debe aportar calorías reales, ser ligera para no cargar de más y, sobre todo, fácil de digerir. Aquí te explicamos cómo planear tus alimentos según la ruta para que siempre tengas energía.
En la ciudad, si te saltas una comida, quizás te pones de mal humor. En la montaña, si no comes bien, pones en riesgo tu seguridad. El hiking quema mucho más combustible del que crees. El frío, la altitud y el esfuerzo físico constante aceleran tu metabolismo.
Existe una relación directa entre el peso que cargas y tu rendimiento. Muchos senderistas novatos cometen el error de llevar alimentos con mucha agua (como frutas enteras o latas) que pesan mucho y aportan poca energía real. Otros se van al extremo opuesto y solo llevan dulces, lo que provoca picos de azúcar seguidos de caídas brutales de energía.
El objetivo es encontrar el equilibrio: alimentos densos en nutrientes que ocupen poco espacio y pesen poco en tu mochila.
Para que un alimento funcione en la montaña, debe cumplir con ciertos requisitos. No es lo mismo comer en tu casa que a 3,000+ metros de altura, donde la digestión se vuelve más lenta.
Una buena estrategia de alimentación incluye:
Necesitas densidad calórica. Busca alimentos que te den mucha energía en porciones pequeñas. Lo ideal es superar las 300-400 calorías por cada 100 gramos de peso.
Son tu fuente principal de energía. A diferencia del azúcar simple que te da un “boost” rápido y luego te tira, los carbohidratos complejos (como avena, granos enteros o tortillas) liberan energía de forma sostenida.
Ayuda a reparar el músculo durante el esfuerzo. No necesitas cantidades industriales mientras caminas, pero sí una dosis constante para mantener la saciedad y evitar el desgaste muscular excesivo.
Las nueces, semillas o el aguacate son excelentes porque queman lento y te mantienen caliente. Son la reserva de energía para rutas largas.
Arriba no quieres cocinar platillos de tres tiempos. Necesitas cosas que estén listas en 10-15 minutos, que solo requieran agua caliente o que se puedan comer directo del empaque.
No es lo mismo una caminata de tres horas en el Desierto de los Leones que un ataque a la cumbre del Pico de Orizaba. Planea tu menú según el tiempo que estarás fuera.
Para rutas de 4 a 6 horas:
Para jornadas de 8 a 12 horas (tipo La Malinche):
Aquí el peso es crítico. Cada gramo cuenta:
Aquí tienes opciones reales que funcionan en parques y volcanes:
A veces llevamos la comida correcta pero la comemos mal. Evita esto:
Llevar un tupper de vidrio con un guisado grasoso es mala idea. El vidrio pesa y la grasa excesiva es difícil de digerir en altura, lo que te dará sueño y pesadez estomacal (el famoso “mal del puerco” a media montaña).
Subestimar el hambre. Creer que con una manzana aguantas 8 horas es peligroso. Siempre lleva un “extra” de seguridad por si la ruta se alarga.
A veces el bajón no es hambre, es sed. La deshidratación se disfraza de cansancio extremo. Bebe sorbos pequeños constantemente, no esperes a tener mucha sed.
La comida deshidratada o liofilizada no es “comida de astronauta” artificial. Es comida real a la que se le ha quitado el agua.
Es ideal para la comida fuerte del día o la cena en campamento. Cuando llegas cansado y frío, poder comer algo caliente y nutritivo en 10 minutos sin ensuciar ollas cambia totalmente tu experiencia.
Sí, y mucho. Aunque el sobre se vea ligero, al agregar agua recupera su volumen original. Están diseñadas para aportar la carga calórica necesaria para un adulto en actividad física.
Depende del calor y la intensidad, pero una regla segura es 1 litro por cada 2 horas de caminata intensa. Si llevas comida deshidratada, recuerda sumar el agua que usarás para cocinar (generalmente unos 250-300 ml extra).
Es normal que el apetito desaparezca arriba de los 4,000 msnm. No dejes de comer. Oblígate a comer porciones pequeñas pero constantes. Si dejas de comer, te dará hipotermia más rápido y perderás fuerza.
Planear tu comida para hiking no tiene que ser un dolor de cabeza. Lo importante es ser práctico: busca alimentos que te gusten, que pesen poco y que te den energía real.
No improvises el mero día en la tienda de la esquina. Prepara tu kit de alimentación desde casa. Si quieres resolver fácil, echa un par de sobres de Tente En Pie a tu mochila, complementa con nueces y chocolate, y dedícate a disfrutar el camino. La montaña se disfruta más con la panza llena y el corazón contento.