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9.Comida para montaña: Qué llevar según el clima y tu ruta

Comida para montaña

Comida para la montaña no tiene nada que ver con comer en casa. En la ciudad, tienes el refrigerador a unos pasos y el clima controlado. Allá arriba, eres tú, tu mochila y lo que decidiste empacar horas antes.

Esa decisión puede ser la diferencia entre disfrutar la vista desde la cumbre o sufrir el camino de regreso por falta de energía. Muchos montañistas, sobre todo al empezar, cometen el error de llevar demasiada comida (peso extra innecesario) o muy poca (riesgo de bajón de energía).

Elegir bien tus alimentos te permite mantener el ritmo, regular tu temperatura y, sobre todo, disfrutar la experiencia. Aquí no vamos a hablar de dietas estrictas ni de suplementos complejos. Vamos a hablar de estrategia y sentido común para que tu cuerpo aguante y tu mente disfrute.

Por qué no existe una sola “comida ideal” para montaña

A veces buscamos una lista mágica de compras que sirva para todo, pero la realidad es distinta. El esfuerzo físico y el entorno cambian las reglas del juego.

No es lo mismo una caminata suave en un bosque templado que un ascenso técnico con viento helado. Tu cuerpo quema combustible de forma diferente dependiendo de la intensidad. Además, tu apetito cambia con la altitud y el cansancio. Lo que te sabe delicioso en la sala de tu casa, puede resultarte imposible de comer a 4,000 metros de altura si está muy seco o complejo.

Por eso, la mejor comida es la que se adapta a tres factores: cuánto tiempo vas a estar fuera, qué clima te espera y qué tanto peso estás dispuesto a cargar.

Cómo elegir comida para montaña según la duración

El tiempo que pasas en la ruta define la logística. Mientras más días pases fuera, más importante se vuelve el peso y el volumen de lo que llevas en la mochila.

Salidas de un día (Ida y vuelta)

Aquí la prioridad es la practicidad. Probablemente no necesitas cocinar. El objetivo es mantener la energía constante sin detenerte demasiado tiempo.

  • Qué llevar: Puedes permitirte alimentos frescos y un poco más pesados porque no los cargarás por días. Un sándwich bien preparado, fruta resistente (como manzanas), nueces y chocolates funcionan bien.
  • Estrategia: Come poco y frecuentemente. No esperes a tener mucha hambre.

Fin de semana (1–2 noches)

Este es el escenario clásico del montañista de fin de semana. Aquí buscas un balance entre comida ligera montaña y sabor real.

  • El reto del peso: Ya llevas sleeping, casa de campaña y ropa extra. La comida no debería sumar kilos innecesarios.
  • Comida caliente: Después de un día de caminata, una cena caliente no es un lujo, es una necesidad para recuperar temperatura y moral.
  • Qué llevar: Aquí es donde los alimentos deshidratados o liofilizados brillan. Opciones como unos chilaquiles o un guisado que solo requieran agua hirviendo te ahorran cargar ingredientes frescos, tablas de picar y basura de regreso.

Travesías largas (3+ días)

En expediciones largas, la eficiencia lo es todo. Necesitas la mayor cantidad de energía en el menor peso posible.

  • Planeación: Debes calcular raciones exactas. No puedes llevar “por si acaso”.
  • Repetición inteligente: Es probable que repitas menú, así que asegúrate de que sea algo que realmente te guste. Si la comida te aburre o te cae pesada, dejarás de comer, y eso es peligroso en expediciones largas.

Cómo influye el clima en la comida que llevas

El clima no solo afecta tu ropa, también dicta qué y cómo vas a comer. Ignorar el pronóstico puede dejarte con barras energéticas congeladas o chocolates derretidos manchando todo tu equipo.

Clima frío y alta montaña

El frío consume muchísima energía. Tu cuerpo quema calorías solo para mantener su temperatura.

  • Necesidad de calor: Prioriza comidas calientes (sopas, caldos, guisados). Comer algo frío en la cima del Iztaccíhuatl no es agradable y enfría tu cuerpo desde adentro.
  • Acceso fácil: Lleva snacks que puedas comer con guantes puestos. Si tienes que quitarte los guantes para abrir un empaque complicado, probablemente preferirás no comer, y eso te dejará sin energía.
  • Grasas y carbohidratos: Necesitas combustible de larga duración.

Clima caluroso

El calor suele quitar el hambre, pero no la necesidad de energía.

  • Hidratación y sales: Sudas más, pierdes sales. Busca alimentos salados (nueces con sal, galletas saladas) para reponer electrolitos de forma natural.
  • Alimentos frescos: Evita cosas que se derritan o se echen a perder rápido con el sol. La comida muy grasosa o pesada puede caerte mal al estómago con el calor.

Lluvia y humedad

La humedad es el enemigo de la comida mal empacada.

  • Empaque resistente: Si llevas sándwiches envueltos en servilletas, terminarás comiendo masa mojada. Usa bolsas herméticas o recipientes sellados.
  • Comida reconfortante: Si estás mojado y con frío, una comida caliente levanta el ánimo inmediatamente. Asegúrate de llevar un sistema de cocina que funcione bien con viento o bajo techo.

Características clave de una buena comida para montaña

Para que un alimento se gane un lugar en tu mochila, debería cumplir con la mayoría de estos requisitos:

1. Ligera

Cada gramo cuenta, especialmente en subida. La comida deshidratada es excelente porque eliminas el peso del agua (que puedes conseguir en la montaña o llevar aparte) y solo cargas los nutrientes.

2. Fácil de preparar

Cuando llegas al campamento cansado y con frío, lo último que quieres es picar cebolla o cocinar por 40 minutos. Lo ideal es: hervir agua, agregar, esperar unos minutos y comer. Menos trastes sucios, más tiempo de descanso.

3. Buena conservación

Evita alimentos que necesiten refrigeración o que se aplasten fácilmente (como plátanos maduros o pan suave al fondo de la mochila).

4. Sabor familiar y real

Este punto es vital. En la montaña, a veces el estómago se cierra. Si llevas geles extraños o barras con sabores químicos que no acostumbras, es posible que te den asco. Lleva sabores que conozcas y disfrutes. Unos chilaquiles rojos o una pasta con sabor casero siempre caerán mejor que un “superalimento” insípido.

Errores comunes al elegir comida para montaña

Aprender cuesta, pero puedes evitarte algunas malas experiencias si conoces los errores clásicos:

  • Llevar comida de ciudad: Latas de atún (pesan mucho y dejan basura olorosa), frascos de vidrio o guisados con mucha salsa en tuppers que pueden abrirse.
  • Priorizar solo snacks: Sobrevivir a base de nueces y chocolates te da energía rápida, pero no te sustenta ni te recupera muscularmente como una comida real.
  • No probar antes: Nunca lleves algo nuevo a una salida importante. Si te cae pesado o no te gusta, no tendrás otra opción.
  • Calcular mal el agua: Si llevas comida deshidratada, recuerda que necesitas agua extra para rehidratarla, no solo para beber.

Ejemplo práctico: Preguntas antes de empacar

Antes de cerrar tu mochila el viernes por la noche, hazte estas preguntas rápidas para validar tu menú:

  1. ¿Cuánto pesa mi comida? ¿Hay algo que pueda cambiar por una versión más ligera?
  2. ¿Tengo acceso a agua? Si no hay fuentes de agua en la ruta, ¿puedo cargar la necesaria para cocinar?
  3. ¿Qué clima hará? Si va a llover, ¿mi comida está protegida? Si hace frío, ¿puedo comer caliente?
  4. ¿Me gusta lo que llevo? ¿Realmente se me va a antojar esto cuando esté cansado?
  5. ¿Cuánta basura genero? El objetivo es regresar con la menor cantidad de basura posible y que sea fácil de compactar.

La alimentación es parte de tu equipo

Así como inviertes en unas buenas botas o una chamarra impermeable, debes invertir atención en tu comida. No se trata solo de llenar el estómago, se trata de darle a tu cuerpo los recursos para llevarte a lugares increíbles y traerte de regreso a casa con bien.

Elegir la comida para montaña adecuada transforma la experiencia. Pasas de estar preocupado por el hambre o el peso de la mochila, a estar enfocado en el paisaje y la compañía. La próxima vez que prepares tu salida, recuerda: busca lo práctico, busca lo ligero, pero sobre todo, busca comida real que te dé la energía para seguir avanzando.

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