
Estás en casa, con la mochila abierta sobre la cama. Empiezas a meter el sleeping, la ropa de tercera capa, el kit de primeros auxilios, tu navaja outdoor opinel y agua. La mochila ya se ve abultada. Luego vas a la cocina. Metes tres latas de atún, un paquete de pan, dos manzanas, un bote de crema de cacahuate y, por si acaso, un par de sándwiches extra envueltos en aluminio. Levantas la mochila y sientes el golpe de realidad en los hombros. Pesa. Pesa mucho.
Y ahí empieza el dilema de siempre: ¿Saco comida para ir más ligero, o cargo con todo por miedo a quedarme con hambre a mitad de la aventura?
Muchos hemos estado ahí. La buena noticia es que no tienes que elegir entre sufrir por el peso o sufrir por el hambre. Llevar comida ligera para montaña es una estrategia, no un sacrificio. Se trata de elegir alimentos que te den mucha energía ocupando poco espacio y pesando casi nada.
Lo pesado que sea el ascenso, que ligera sea tu comida.
Quizá pienses: “Son solo unos gramos más, no pasa nada”. Pero en la montaña, las matemáticas funcionan diferente. Cada gramo cuenta, especialmente cuando vas de subida y la gravedad juega en tu contra.
El peso acumulado en tu mochila impacta directamente en tu rendimiento físico. En salidas de 1 a 3 días, la comida mal planeada suele ser uno de los elementos más pesados, solo después del agua.
Existe una relación directa entre el peso de la mochila y tu fatiga muscular. Una mochila sobrecargada no solo te hace caminar más lento; aumenta el riesgo de lesiones en rodillas y tobillos, hace que tu equilibrio sea más precario y consume tus reservas de energía mucho más rápido. Al final del día, llegar al campamento agotado por cargar comida que ni siquiera te vas a terminar no tiene sentido.
Comer bien es vital, pero cargar de más es un error de novato que todos podemos corregir.
Hay una creencia muy arraigada: necesitamos sentir el peso de la comida en el estómago para sentirnos satisfechos. Pensamos que una lata de frijoles o una fruta fresca nos va a dar más energía que un sobre ligero simplemente porque pesan más en la mano.
Esto es falso. Aquí es donde entra el concepto de volumen vs densidad calórica.
Muchos alimentos comunes son muy pesados porque contienen muchísima agua, no porque tengan mucha energía.
Llevar estos alimentos reduce tu eficiencia. Estás gastando energía extra para transportar… agua y envases.
La comida ligera no significa comer poco. Significa comer inteligentemente. Para que un alimento sea ideal para tu mochila, debe cumplir con cuatro reglas básicas:
Aquí es donde la comida deshidratada brilla como opción técnica superior a los sándwiches aplastados.
La comida deshidratada es, básicamente, comida real a la que se le ha quitado el agua mediante calor suave o congelación (liofilización). Al eliminar el agua, pasan cosas muy interesantes para tu espalda:
No necesitas ser nutriólogo para armar un menú decente, solo necesitas sentido común. Aquí tienes un ejemplo práctico de un día de alimentación pensando en el equilibrio energía/peso:
Olvídate de cocinar huevos con jamón desde cero.
No pares a cocinar. Come mientras caminas o en paradas de 5 minutos.
Si no quieres sacar el hornillo, lleva algo listo para comer.
Ya en el campamento, necesitas recuperar músculo y calor.
El error número uno no es llevar poca comida, sino improvisar.
Es viernes por la noche, pasas rápido al supermercado y compras “lo que se te antoja” sin pensar en el peso o la basura que generas. Terminas llevando un bote de salsa de vidrio “por si acaso”, o bolsas enormes de papas fritas que son puro aire y volumen.
O peor: duplicas cosas. Llevas comida fresca y aparte latas y aparte snacks. Acabas bajando el domingo con la mitad de la comida intacta, pero con la espalda molida.
Planear tu menú con anticipación es la clave para disfrutar la cumbre.
Para tu próxima salida, haz este filtro rápido antes de cerrar la mochila:
SÍ LLEVAR (Light & Fast):
MEJOR EVITAR (Peso muerto):
Comida real, lista para la aventura. Eso es lo que necesitas. Aligerar tu carga te permite levantar la vista del sendero, disfrutar el paisaje y llegar más lejos con una sonrisa, no con una mueca de dolor.
No dejes que una mochila pesada arruine tu fin de semana. Prueba cambiar las latas y los tuppers por opciones pensadas para la ruta. Verás que subir ligero se siente increíble.
Planea tu próxima salida con comida pensada para la aventura.