
Abres la mochila después de dos días de trekking y el olor a comida te golpea. La playera limpia ahora huele a comida. El sleeping bag absorbió derrames si llevabas liquidos. Y encontrar lo que necesitas se vuelve una excavación arqueológica.
Organizar comida mochila bien no es solo orden: es evitar que los olores invadan todo el equipo, reducir tiempo de búsqueda en cada parada y mantener la energía donde importa—en la ruta, no en el caos.
Este post te muestra cómo empacar comida sin que huela, sin afectar el resto de tu equipo y sin complicarte la vida en montaña.
El olor no aparece por magia. Tiene causas claras:
Empaques mal cerrados o abiertos a medias
Un sobre roto o un ziplock sin sellar deja escapar grasa, especias o humedad. En pocas horas, todo a su alrededor se impregna.
Humedad acumulada
Condensación interna, lluvia mal manejada o sudor del cuerpo transfieren humedad a los empaques. La comida húmeda genera olor más rápido.
Residuos mezclados con comida limpia
Dejar envoltorios usados en el mismo compartimento que la comida fresca multiplica el problema.
Alimentos con grasa expuesta
Productos con aceite o manteca son los primeros en generar olor si no se protegen correctamente.
Antes de llenar la mochila, aplica estos fundamentos:
No lleves todo junto. Divide cada comida en su propio empaque. Así abres solo lo necesario y reduces exposición.
Los ziplocks gruesos o bolsas sellables reutilizables son tu mejor herramienta. Revisa el cierre antes de guardar.
Si llevas algo con especias marcadas, salsas o productos con grasa, mételo en dos bolsas. La primera contiene, la segunda aísla.
Las bolsas comerciales de snacks o sopas se rompen fácil. Transfiere el contenido a empaques más resistentes.
Dónde colocas cada cosa afecta tanto como cómo la empacas.
Coloca barras, frutos secos o bocadillos en la parte alta o en bolsillos externos. Son lo primero que comes y no necesitan protección extrema.
Las comidas completas (desayunos, cenas, platos fuertes) van en la parte central de la mochila, dentro de una bolsa impermeable o dry bag. Esto las protege de golpes y humedad externa.
Nunca coloques comida directamente junto a tu sleeping bag, ropa limpia o equipo electrónico. Aunque esté sellada, el riesgo de olor o traspaso de humedad existe.
Un dry bag pequeño dedicado solo a comida te permite:
Si sales más de dos días, la logística cambia.
Arma un paquete por día: desayuno, snacks, comida y cena juntos. Mételos en una bolsa grande hermética etiquetada “Día 1”, “Día 2”, etc.
Un marcador permanente y un pedazo de cinta adhesiva bastan. Escribir “Lunes” o “Día 3” evita abrir todo para buscar.
Accede solo al día que corresponde. El resto permanece sellado hasta que lo necesites.
Los residuos son la mayor fuente de olor si no se manejan bien.
Lleva una bolsa hermética dedicada solo a desechos. Nunca guardes residuos en la misma bolsa que comida limpia.
Después de cada comida, cierra bien la bolsa de basura. Si es posible, usa doble bolsa para residuos grasosos.
Parece obvio, pero en el cansancio de la ruta se cometen errores. Mantén la basura en su propio espacio, lejos de provisiones.
Estos son los más frecuentes:
Llevar comida suelta o sin empacar correctamente
Un pan dulce en la mochila sin bolsa termina aplastado y con migajas por todos lados.
No probar cierres antes de salir
Descubrir que un ziplock no cierra bien cuando ya estás en ruta es tarde.
Mezclar snacks abiertos con equipo
Una bolsa de cacahuates abierta junto a la chamarra impermeable es garantía de desastre.
Ignorar el clima
Si va a llover o hace calor extremo, ajusta tu empaque. Más protección contra humedad en lluvia, más ventilación en calor.
Antes de salir, verifica:
Organizar comida mochila correctamente no requiere equipo caro ni trucos complicados. Solo método: separar, sellar, etiquetar y aislar.
Una mochila ordenada reduce estrés, protege tu equipo y te permite enfocarte en lo que importa: avanzar, disfrutar y llegar.
La próxima vez que abras tu mochila en ruta, que lo único que huela sea aire fresco de montaña.