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10.¿La comida pesada te cansa más en la montaña? La verdad sobre tu digestión

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Imagina la escena. Estás a mitad de una subida exigente, el sol pega fuerte y te faltan dos horas para la cumbre. Sientes las piernas pesadas, pero lo que realmente te está matando no es el desnivel, sino el estómago. Hace media hora paraste a comer algo “para tener fuerza”, y ahora sientes que traes un ladrillo en la panza. El paso se vuelve lento, te falta el aire más de lo normal y te preguntas por qué te sientes tan agotado si acabas de comer.

Aquí va una verdad que pocos te dicen antes de salir a la ruta: en la montaña, no solo pesa lo que cargas en la espalda, también pesa (y mucho) lo que metes a tu cuerpo.

Muchos montañistas de fin de semana caen en la trampa de pensar que “comer mucho” es igual a “tener mucha energía”. Pero la realidad fisiológica es muy distinta. Hoy vamos a platicar sobre cómo la comida pesada en montaña puede jugarte en contra y por qué elegir ligero es la mejor estrategia para disfrutar el camino.

El doble peso: mochila + digestión

Cuando estás en la ciudad, sentado en la oficina o en el sofá, tu cuerpo puede darse el lujo de dedicar mucha energía a digerir una comida cualquiera. Pero en el sendero, la historia cambia.

Tu cuerpo tiene una cantidad limitada de sangre y energía para distribuir. Cuando estás haciendo ejercicio intenso, como subir una pendiente con el peso mochila a cuestas, tus músculos (piernas, glúteos, corazón) demandan un flujo sanguíneo masivo para obtener oxígeno y seguir moviéndose.

Si en ese momento le metes una comida muy pesada, grasosa o difícil de procesar, obligas a tu sistema digestivo a entrar en acción. Tu estómago empieza a “robarle” sangre a tus piernas para poder hacer la digestión. ¿El resultado? Un conflicto de intereses interno.

Tus piernas pierden potencia y tu digestión se vuelve lenta e ineficiente. Es ahí cuando entra esa sensación de pesadez extrema, sueño (el famoso “mal del puerco”) y una baja de rendimiento notable. No es que te falte condición física necesariamente, es que pusiste a tu cuerpo a trabajar doble turno.

Qué pasa cuando comes pesado en altura

Si a la ecuación anterior le sumamos la altitud, el problema se multiplica. A medida que ganas metros sobre el nivel del mar, la presión atmosférica disminuye y hay menos oxígeno disponible.

Tu cuerpo, prioriza las funciones vitales: mantener el cerebro y el corazón funcionando, y mover los pulmones. La digestión pasa a segundo o tercer plano. Por eso, en altura (incluso en montañas medias como el Ajusco o la Malinche), la digestión es naturalmente más lenta.

Si consumes alimentos con mucha grasa, frituras o proteínas muy densas en grandes cantidades, es probable que experimentes:

  • Náuseas ligeras o mareos.
  • Inflamación abdominal (sentirse “empanzonado”).
  • Reflujo.
  • Ganas de detenerte más tiempo del necesario.

La energía en montaña debe ser constante y fluida, no un pico que luego te estanque. Comer pesado en altura es como tratar de correr un maratón con botas de plomo.

No es comer menos, es comer inteligente

Ojo, esto no significa que debas subir en ayunas o comer puras lechugas. Al contrario, necesitas muchas calorías para compensar el esfuerzo físico. El secreto no es comer menos, es comer con mayor densidad calórica y menor peso/volumen.

Aquí es donde entra la diferencia entre comida ligera hiking y comida insuficiente.

  • Comida pesada/ineficiente: Alimentos con mucha agua (que pesa), envases pesados (latas, vidrio) o preparaciones con mucha grasa saturada que tardan horas en digerirse.
  • Comida inteligente: Alimentos que en poco peso te dan mucha energía y que tu cuerpo asimila rápido sin “secarse” por dentro.

La comida deshidratada o liofilizada es una excelente estrategia aquí. Al quitarle el agua a la comida (que es lo que más pesa), cargas solo los nutrientes. Te hidratas al prepararla en el sitio, usas el agua que ya llevas o la que recolectas, y obtienes una comida caliente, práctica y real, sin cargar el peso muerto durante horas.

Cómo elegir comida que no te tumbe en la ruta

Para que no te pase factura en la próxima salida, armamos este checklist rápido. Antes de meter algo a tu mochila, pásalo por este filtro para saber qué comer en hiking:

  1. Ligera en peso: ¿Vale la pena cargar ese envase o ese volumen por las calorías que me aporta? llévate un tenteepie.
  2. Fácil digestión: Evita salsas muy irritantes, excesos de lácteos o grasas pesadas justo antes de la subida más fuerte.
  3. Fácil preparación: ¿Necesitas tres ollas y 40 minutos? Mejor déjalo para el camping base. En ruta, quieres algo que esté listo rápido (solo agregar agua caliente es lo ideal).
  4. Sabor familiar: En la montaña no es momento de experimentar. Si algo no te cae bien en casa, en el cerro te caerá peor. Busca sabores que ya conoces y te gustan, como unos chilaquiles o un guiso casero.
  5. Aporte energético real: Revisa que tenga carbohidratos (energía rápida) y proteínas (reparación), no solo azúcar vacía.

El error común del montañista

Nos ha pasado a todos. Es viernes en la noche, sales tarde de trabajar y te das cuenta de que no compraste nada para la salida del sábado. Abres el refri y agarras las sobras de la semana, o pasas a la tienda de conveniencia en la carretera y compras sándwiches industriales, papas y galletas.

El error está en improvisar y en pensar que “si pesa y llena, alimenta”. A veces cargamos latas de atún (que es mucho peso en metal y agua para poca proteína), frutas muy pesadas o guisados grasosos en tuppers que pueden abrirse.

Llegar a la cima o terminar la ruta se disfruta más cuando no vas peleando contra tu propio estómago. Entender que energía no es volumen cambia por completo tu experiencia al aire libre. Subes más ligero, te sientes más ágil y disfrutas más el paisaje.

Conclusión

La montaña se disfruta más cuando tu cuerpo funciona como una máquina bien aceitada, no como un camión de carga forzado. La próxima vez que armes tu mochila, recuerda que cada gramo cuenta, tanto en la espalda como en el estómago.

Lo pesado que sea el ascenso, que ligera sea tu comida. Comer bien allá arriba no es un lujo, es parte de tu estrategia para llegar más lejos, más seguro y más contento.

Planea tu siguiente salida con comida pensada para la aventura.

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