
Comida para la montaña no tiene nada que ver con comer en casa. En la ciudad, tienes el refrigerador a unos pasos y el clima controlado. Allá arriba, eres tú, tu mochila y lo que decidiste empacar horas antes.
Esa decisión puede ser la diferencia entre disfrutar la vista desde la cumbre o sufrir el camino de regreso por falta de energía. Muchos montañistas, sobre todo al empezar, cometen el error de llevar demasiada comida (peso extra innecesario) o muy poca (riesgo de bajón de energía).
Elegir bien tus alimentos te permite mantener el ritmo, regular tu temperatura y, sobre todo, disfrutar la experiencia. Aquí no vamos a hablar de dietas estrictas ni de suplementos complejos. Vamos a hablar de estrategia y sentido común para que tu cuerpo aguante y tu mente disfrute.
A veces buscamos una lista mágica de compras que sirva para todo, pero la realidad es distinta. El esfuerzo físico y el entorno cambian las reglas del juego.
No es lo mismo una caminata suave en un bosque templado que un ascenso técnico con viento helado. Tu cuerpo quema combustible de forma diferente dependiendo de la intensidad. Además, tu apetito cambia con la altitud y el cansancio. Lo que te sabe delicioso en la sala de tu casa, puede resultarte imposible de comer a 4,000 metros de altura si está muy seco o complejo.
Por eso, la mejor comida es la que se adapta a tres factores: cuánto tiempo vas a estar fuera, qué clima te espera y qué tanto peso estás dispuesto a cargar.
El tiempo que pasas en la ruta define la logística. Mientras más días pases fuera, más importante se vuelve el peso y el volumen de lo que llevas en la mochila.
Aquí la prioridad es la practicidad. Probablemente no necesitas cocinar. El objetivo es mantener la energía constante sin detenerte demasiado tiempo.
Este es el escenario clásico del montañista de fin de semana. Aquí buscas un balance entre comida ligera montaña y sabor real.
En expediciones largas, la eficiencia lo es todo. Necesitas la mayor cantidad de energía en el menor peso posible.
El clima no solo afecta tu ropa, también dicta qué y cómo vas a comer. Ignorar el pronóstico puede dejarte con barras energéticas congeladas o chocolates derretidos manchando todo tu equipo.
El frío consume muchísima energía. Tu cuerpo quema calorías solo para mantener su temperatura.
El calor suele quitar el hambre, pero no la necesidad de energía.
La humedad es el enemigo de la comida mal empacada.
Para que un alimento se gane un lugar en tu mochila, debería cumplir con la mayoría de estos requisitos:
Cada gramo cuenta, especialmente en subida. La comida deshidratada es excelente porque eliminas el peso del agua (que puedes conseguir en la montaña o llevar aparte) y solo cargas los nutrientes.
Cuando llegas al campamento cansado y con frío, lo último que quieres es picar cebolla o cocinar por 40 minutos. Lo ideal es: hervir agua, agregar, esperar unos minutos y comer. Menos trastes sucios, más tiempo de descanso.
Evita alimentos que necesiten refrigeración o que se aplasten fácilmente (como plátanos maduros o pan suave al fondo de la mochila).
Este punto es vital. En la montaña, a veces el estómago se cierra. Si llevas geles extraños o barras con sabores químicos que no acostumbras, es posible que te den asco. Lleva sabores que conozcas y disfrutes. Unos chilaquiles rojos o una pasta con sabor casero siempre caerán mejor que un “superalimento” insípido.
Aprender cuesta, pero puedes evitarte algunas malas experiencias si conoces los errores clásicos:
Antes de cerrar tu mochila el viernes por la noche, hazte estas preguntas rápidas para validar tu menú:
Así como inviertes en unas buenas botas o una chamarra impermeable, debes invertir atención en tu comida. No se trata solo de llenar el estómago, se trata de darle a tu cuerpo los recursos para llevarte a lugares increíbles y traerte de regreso a casa con bien.
Elegir la comida para montaña adecuada transforma la experiencia. Pasas de estar preocupado por el hambre o el peso de la mochila, a estar enfocado en el paisaje y la compañía. La próxima vez que prepares tu salida, recuerda: busca lo práctico, busca lo ligero, pero sobre todo, busca comida real que te dé la energía para seguir avanzando.